Kyudo Zen: La Puntualidad y El Cuervo y el Gato

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Kyudo Zen: La Puntualidad y El Cuervo y el Gato

 

11.- La Puntualidad:

Sensei Yamada Tadashi tiene un pequeño local de venta de arcos y flechas para la práctica del Kyudo que él mismo, artesanalmente, fabrica. Su trabajo es reconocido por todos los arqueros del Japón y en especial por los de mi Dojo en el barrio de Chiyoda, al cual el mismo pertenece.

Conocí a Yamada Sensei en el año 1995 y desde entonces, cada vez que viajo a Japón, no dejamos de encontrarnos para almorzar o desayunar en algún lugar pintoresco de la ciudad. Tengo con él una excelente comunicación y,tantos años después, hemos desarrollado una gran amistad.

 El espacio que tiene es sumamente confortable. Es atendido por él mismo con la ayuda de su esposa, también maestra arquera, y de su hijo, quien aprende de su padre la maestría constructiva y los secretos del arte, reparando arcosy flechas que alumnos de distintas escuelas llevan permanentemente.

 Una mañana pasé por su negocio para que enderezara mi arco de bambú y para comprar algunas flechas nuevas en vistas de mi presentación a examen para la graduación de segundo dan, que sería dos días más tarde. Mientras esperaba la reparación del arco, la señora Yamada preparó un o-cha (té verde japonés) y eligió una nueva funda para mi arco como augurio de buena suerte. Entretanto su hijo cortó las flechas que yo había elegido después de  medirlas en mi brazo izquierdo.

 Sensei Yamada no iba a estar presente en el examen, ya que esa semana debía entregar varios arcos nuevos de bambú al Palacio Imperial para el entrenamiento de su guardia, pero me dio, como si yo fuese un niño, algunas recomendaciones tales como observar la puntualidad y llevar las prendas limpias y bien planchadas al presentarme ante la mesa examinadora.

Antes de despedirme agregó: "Un maestro siempre observa tres cosas del alumno: puntualidad, respeto y etiqueta. Si faltara alguna de éstas da lo mismo si la técnica es correcta o equivocada, o si se acierta en el blanco o no. El examen será reprobado. El tiro correcto es la consecuencia de estos tres puntos".

(...)

16. El cuervo y el gato

Uno de los lugares más frecuentados los fines de semana por las familias japonesas es la localidad de Ueno. Esta posee un bellísimo estanque que sirve como refugio para diversas aves silvestres y peces y se halla rodeado por un parque gigante, uno de los más grandes de Tokio, inaugurado en el año 1873 como paseo público.

Visité el lugar por recomendación de un compañero de Kyudo que cada tanto lo visitaba con su esposa e hijos.

Lamentablemente, los entrenamientos extenuantes y las preparatorias no me dejaban mucho tiempo libre como para poder recorrer tantos lugares hermosos, pero gracias a la insistente propuesta de mi compañero viajé hasta allí.

Contaba tan solo con tres horas para visitar el lugar y cargaba mi equipo completo de Kyudo, ya que a las siete de la tarde debía presentarme con mi Sensei en el dojo de una universidad en la que él enseñaba, para proseguir con las prácticas.

De más está decir que viajar en el subte de Tokio, cualquiera sea la línea, a las tres de la tarde y portando un arco de dos metros diez de altura, un portaflechas y un bolso de dimensiones no resulta fácil ni placentero. La mayor preocupación de los arqueros en esos medios de transporte públicos abarrotados de gente está puesta en no sacarle un ojo a alguien, aunque todos están acostumbrados a cruzarse en la calle con practicantes de diferentes artes marciales, que recorren las principales avenidas de la ciudad incluso con sus trajes o armaduras de esgrima.

Caminé casi tres horas hasta que oscureció. En el mes de noviembre suele oscurecer entre las cinco y las seis de la tarde; aun así, el extenso parque dejaba ver colores bellísimos y una interminable variedad de plantas de diversas formas y texturas.

Terminé mi recorrida sentándome bajo una pagoda ubicada en un lugar estratégico para la contemplación. De repente, un fuerte sonido a mis espaldas me sobresaltó. Se trataba de un gato y de un cuervo, ambos de color azabache intenso, que estaban forcejeando con una bolsa de rebanadas de pan que alguien había dejado abandonada. No dudé en sacar con cuidado mi cámara filmadora y seguir su juego. Fue fantástico ver la estrategia del cuervo para acercársele al gato y correrle, poco a poco, la bolsa. El felino, aunque por momentos se hacía el distraído, de un solo zarpazo la recuperaba nuevamente. La encrucijada duró varios minutos, hasta que un vagabundo se acercó, y con su bastón apartó al gato del cuervo y se llevó la bolsa.

Mi primer pensamiento en ese momento fue: perdieron ambos, el vagabundo se queda con la bolsa de pan. Pero no fue así. Se sentó con cuidado en la orilla del camino y dividió la bolsa de pan en dos partes iguales y algún trozo fue a parar a su boca también. Luego le llevó a cada uno sus respectivas porciones, colocadas equitativamente a uno y otro lado del camino. La bolsa vacía terminó en un tacho de residuos y el anciano siguió viaje protestando por lo bajo.

Quedé maravillado.

 

De Kyudo Zen, Memorias del Japón. En busca del ser interior.

Autor: Maestro Luis Falcone.

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