El Sai

El sai es un arma muy antigua, y su origen incierto, puesto que armas muy parecidas se encuentran por diversos países del sur y sureste de Asia, hacienda de todo punto imposible señalar el origen del sai.

Hace casi cuatro siglos, que los japoneses invadieron la Isla de Okinawa, y para evitar rebeliones, prohibieron a los naturales de la Isla el uso de cualquier tipo de armas, como las usuales de aquellos tiempos: espada, lanza, etc.; de ahí que los habitantes de Okinawa, para defenderse, idearon el karate (manos vacías) y el kobu-do (use de utensilios propios del karate: el bo, el nunchaku, la hoz y otros muchos). Algunas de estas armas eran simplemente utensilios de labranza, que los agricultores se ingeniaron para su utilización como tales armas.

Así vemos como el sai (espada corta) era utilizado por un campesino para arrastrar el estiércol mientras otro iba colocando la semilla en el correspondiente surco. Cuando un soldado invasor intentaba agredir a un campesino, este mediante el uso del sai, paraba el ataque de una espada. Por lo general, se usaban dos sai, uno en cada mano, pero además llevaban otro, por lo regular muy artístico, oculto en su amplia faja, por lo que no resultaba molesto, y en cambio muy eficaz contra un habilidoso espadachín, por esto el tercer sai se convertía en la llave de la victoria, al poder ser utilizado como arma arrojadiza.

El sai, en su origen, era capaz de matar o de mutilar al enemigo, pues sus golpes a la espalda, al cuello, a la garganta o a los ojos eran terribles. No obstante, actualmente, la punta del sai ha sido embotada y redondeada, por lo que su acción ya no es mortal.

Está construido de acero y cromo-plateado, lo que le hace muy atractivo y su manejo ciertamente interesante, gracias a sus dos borquillas o guardas. Antiguamente, se construía en dos piezas el vástago principal y las dos horquillas puntiagudas. Posteriormente, ambas partes fueron fundidas en una sola, usando el procedimiento de los armeros japoneses. Desde hace un centenar de años, fue evolucionando la técnica hasta llegar a nuestros días, en que los más modernos procedimientos han sido puestos al servicio de una mejor construcción de esta arma.

Cuando el sai fue introducido en Japón, se llamaba Jitte, y en principio llevaba una sola punta en el mango. La policía japonesa encontró el sai de gran utilidad para bloquear los golpes de las espadas de los samurais, as como resultaba de gran ayuda en el momento de realizar algún arresto.

Los karatekas dispensaron una fría acogida al sai, pero a medida que fue pasando el tiempo lo encontraron interesante y a medida que fueron probando su manejo llego a apasionar. Finalmente, incluso se utiliza en la realización de katas, torneos y demostraciones, primordialmente en América.

Se ha reconocido al sai la virtud de facilitar el mejoramiento de la postura y del equilibrio, básicos para todo karateka, ya que los movimientos son paralelos, y su manejo requiere habilidad y entreno constante. Por otro lado, su práctica desarrolla flexibilidad en ambas manos, muñecas y antebrazos. El uso de forma hábil del sai, requiere una perfecta coordinación de ejercicios avanzados, por ello no se recomienda el entreno con sai hasta que se haya llegado a la consecución del cinto marrón.

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