El Do en las Artes Marciales y en la Vida

"Mi deseo es que esta obra llegue a todos los que practican artes marciales, así como a todos los que simpatizan con ellas, incluidos los padres que anhelan poner en contacto a sus hijos con estas ancestrales técnicas defensivas". Las anteriores son palabras del autor, Germán Bermúdez Arancibia, 9º Dan, director para Sudamérica de la United States Karate Alliance USKA, además de uno de los personajes que integra la célebre Galería de Famosos en EE.UU. y ex Míster Chile. Lo que estas frases revelan, no es un mezquino afán lucrativo, sino un altruista propósito que apunta a un hecho pocas veces tenido en cuenta en el mundo occidental: que vivir es, en verdad, el arte más difícil y que sólo la destreza técnica no alcanza para vivir en plenitud. En forma conjunta y permanente, hace falta adiestrar la mente y el espíritu, de modo que lo que vaya perfeccionándose sea, esencialmente, el interior del ser humano. Usted se sorprenderá de la riqueza que esta lectura puede proporcionarle y de la renovadora visión de mismo que un arte marcial proporciona, si no se limita a ser un simple deporte de puño.

Prólogo

Las obras hablan de los autores. Cuando me enteré de que el Maestro estaba escribiendo un libro, me sorprendí. Siempre había sido reacio a escribir. Siempre quiso la enseñanza directa, como la hacían los antiguos maestros y como él la recibió de su propio Maestro Yu Chi Chan... la relación personal, lo que se realiza en el gimnasio. La sorpresa me llevó a preguntarle la causa del cambio de actitud. Entonces me dijo: "Querido amigo, los años pasan y hay tantas cosas que quiero decirle a la juventud y no quiero llevármelas conmigo, que me hizo cambiar de actitud". La explicación me conmovió, aproveché la ocasión y le pedí un favor: escribir el prólogo de la obra. Germán aceptó. Conocí a Germán recién me había graduado. Era febrero de 1967; siempre que pasaba por la Avda. Corrientes veía ese enorme cartel con la figura de Germán y me decía "debo ir a un gimnasio", pero mi situación era complicada: casado, dos hijas, el estudio en la facultad y el trabajo, no me permitía disponer de un minuto libre. La oportunidad se presentó al recibirme (diciembre de 1966). A los dos meses estaba en el gimnasio, pero por obra de un amigo, que fue a hacer una rehabilitación con Germán tras una fractura; cuando comencé a practicar quería devorarme el gimnasio y transformarme en un Charles Atlas en dos semanas. Recuerdo que Germán, un día me llevó aparte y me preguntó por qué me había inscripto y le conté mis anhelos secretos: quría tener el mejor cuerpo, quería competir. El Maestro me miró, tardó en responderme y al final me dijo: "Bien, le voy a hacer dos preguntas; la primera por qué quiere competir". Quedé mudo. Al tiempo insistió: "Por favor, quisiera que me responda". Pensé un momento y respondí: "Bueno, para demostrar al otro que soy mejor". Germán me contestó: "¿tanto le preocupa el otro a quien no conoce? ¿Por qué no empezamos por vencer esas ambiciones que no conducen a nada?; le propongo otro plan, utilizar la gimnasia para lograr una buena salud física y mental que le permitirá disfrutar alegremente de la vida en salud, a usted y su familia. Si hace esto habrá vencido al mayor enemigo, al más formidable: usted mismo. Si esto es de su interés, más adelante puede integrarse a algunas de las disciplinas: lucha, judo o Kung-Fu". Había en Germán tal sinceridad que acepté su consejo y hasta hoy no me arrepiento. Obviamente, en aquella época, no era tan común la práctica de Artes Marciales en la Argentina, aunque Germán, muy versado en el arte de Kung-Fu, Wai-Kung-P´ai, impartía sus clases e instruía a quien desdeaba practicar y escucharlo sobre las diversas escuelas y estilos. Aquí entramos en otra faceta de mi hoy amigo Germán; me encontré con un hombre tremendamente estudioso, admirador de los antiguos centros de gimnasia y cultura de la Grecia Clásica (El Liceo, La Puerta, La Academia, etc.) además de un apasionado buceador en la Filosofía Oriental, místico mesurado, pues comprendió desde muy joven la necesidad del equilibrio interno y la herencia en la vida. Germán es un hombre corriente, con la diferencia de que cree en lo que dice y obra de acuerdo con ello: no fuma, prácticamente no bebe bebidas alcohólicas, no comete excesos de ningún tipo, es apasionado por su creencia, consistente en la necesidad de que la gimnasia o las Artes Marciales necesitan, para su correcto desarrollo, de la Paz Interior, estado que se logra con el esfuerzo por medio de una vida sana, de cambiar pensamientos cotidianos hacia los aspectos positivos de la existencia, de aprender a no rotular a las personas, a esforzarnos por entender la causa de las cosas, en ser cada día un poquito mejor que el anterior, en ser cada día un poquito mejor que el anterior, en ser generoso con nuestro tiempo de escuchar a otro en sus problemas, de aprender a perdonar a fin de no llevar la carga de la venganza, a que la gimnasia y las Artes Marciales nos hacen mejores, en cuanto nos alejan del ocio y de los vicios que nos destruyen. Al Maestro, esta filosofía le cuesta mucho llevarla adelante, pero me decía en cierta ocasión: "Querido amigo, como me cuesta vencerme a mismo, a veces lo logro, otras no, pero aunque pierda alguna batalla, me esfuerzo por ganar la otra. Aldo, el triunfo está en el esfuerzo, en no claudicar; en saber levantarse cuando uno cae y volver a desafiar a los fantasmas y monstruos que llevamos adentro". Las Artes Marciales sintetizan mucho de lo que estoy relatando, principalmente ayudan a lograr disciplina exterior e interior, lo que se complementa con las charlas del Maestro, que se esfuerza siempre por llevar a sus alumnos la sabiduría de los antiguos –que es la sabiduría de todas las épocas- y relatar sus experiencias personales, estas últimas no como "fuente de sabiduría" –Germán no tiene esa soberbia-, sino como medio para ayudar a los jóvenes a superar situaciones difíciles, a no descorazonarse, a saber levantarse después de cada caída y volver a la pelea de la vida, más enriquecidos, más fuertes, en suma, mejores. Hoy, después de treinta y tantos años de frecuentar el gimnasio, donde siempre se escucha música que alimenta el espíritu y donde se encuentra un grupo de muchachos que me han brindado su amistad y a los cuales retribuyo (algunos con una antigüedad mayor de 20 años) me considero amigo de germán, a quien admiro por el tremendo esfuerzo que ha hecho y hace para mejorarse y mejorar a los demás, por el dolor que siente por los problemas de sus alumnos y las alegrías que disfruta cuando sus muchachos logran el merecido premio a sus esfuerzos. Germán es un hombre, nada más que un hombre que pretende llevar una vida que sea útil a la sociedad y que su paso por este mundo no sea en vano. Para es un orgullo proclamar, cuando la ocasión lo amerita, que Germán Bermúdez Arancibia, Mister Chile, es mi amigo. Dr. Aldo Fratalocchi

Índice

Palabras Preliminares 5
Prólogo 9
Reseña y pensamiento del autor 13
Objetivos y destinatarios de esta obra 17
Relación entre Siddhata Gautama el Buda y las Artes Marciales 25
Do Tao, la esencia de las Artes Marciales 25
El hombre es lo que piensa 29
El Do o Tao aplicado a las Artes Marciales modernas de competición 31
Los cuatro fundamentos de la recta atención de la mente del Buda 37
Conocimiento de la mente 41
Más sobre la mente 45
Las impurezas de la mente que hay que corregir 51
La importancia de conocerse a mismo 55
Camino a la purificación 57
En busca de la verdad 59
Las prácticas del camino 61
La cultura y las Artes Marciales 63
Actitudes 67
La naturaleza humana 69
Autodominio 71
MesuraPrudencia 75
DesarrolloCrecimiento 77
Exito 79
Felicidad 81
La importancia del tiempo 85
La salud 91
Salud y Felicidad 95
La vida 97
Cómo salir de las limitaciones 99
SabiduríaConocimiento 101
Responsabilidad 105
Las Artes Marciales como un medio para encontrarse a mismo 107
Etiquetas y trabas de la mente 111
Las raíces del bien y del mal 113
Meditación 115
El Do de los Grandes Maestros 119
Mangala Sutta (Sutra) Discurso-Sermón-Diálogo 121
Metta Sutta 123
Shakyamuni el Buda histórico Dhammapada 125
Bodhidarma (en sánscrito) / Tamo (en chino) / Daruma (en japonés) 129

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