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El sistema Wing Chung. La ciencia del campo central
Uno de los aspectos más oscuros en el campo de las artes marciales es la fundamentación de los beneficios que la práctica del arte marcial y la defensa personal producen en quien las practica. Se suele eludir explicar el componente esencial que le otorga su fuerza terapéutica. Vamos a intentar dar una posición clara con respecto a esto.
El arte marcial es una expresión cultural, modelada, del impulso agresivo primordial del hombre, aunque posibilitada solamente por su capacidad espiritual y simbólica. El arte marcial a través de los tiempos fue adaptado para ser utilizado en la supervivencia, la guerra y la autodefensa. Sólo tardíamente se convirtió en una vía ("Do") para el dominio de las fuerzas personales y el autoconocimiento.
La constitución de la cultura dio lugar a un desarrollo de la civilización, necesario para permitir el intercambio entre los hombres, creándose para ellos las leyes que rigen las relaciones humanas, y dejando en un plano secundario la satisfacción agresiva inmediata por vía del cuerpo, en aras de la preservación, el orden y la protección que la organización social de la cultura civilizada provee contra las invasiones externas (guerras), y los poderes destructores y arbitrarios de la naturaleza (las catástrofes, las enfermedades, la muerte). Recuerdo un chiste sobre el pasaje de la naturaleza a la cultura: el día en que un aborigen insultó a otro, en vez de asestarle una flecha en el pecho, nació la civilización, y la primera metáfora.
La civilización muestra la falla de sus "sistemas racionales de resolución de conflicto", cuya expresión impulsiva tiene su manifestación, en pequeña escala, en la delincuencia y ciertas formas de patología mental (psicopatías y sociopatías), y en gran escala, en las guerras y holocaustos donde millones de seres son aniquilados. El sistema social tiene sus fallas serias, incluso para quienes están mejor ubicados en la escala social y económica. Si no fuera así, los maestros de artes marciales y los psicoanalistas no tendríamos trabajo. Eso fue denunciado por Freud en su célebre texto El malestar en la cultura. Nadie está exento de cierto malestar por el sólo hecho de tener que limitar sus impulsos por mandato de la cultura.
El arte marcial, en la actualidad, es uno de los modos más eficaces de enseñar a "sublimar" (cambiar una satisfacción pulsional hacia una meta culturalmente aceptable) la pulsión agresiva, desplazándola hacia una actividad social que le permite transformar un deseo de destrucción original (o la necesidad de defensa ante la amenaza de esa destrucción por parte de otro), en una forma de vivir mejor y proteger lo que es verdaderamente valioso para sí y los suyos.
La capacidad de expresar la agresividad pulsional en una forma culturalmente aceptada es tan importante como encontrar el cauce de la pulsión sexual para la salud y el bienestar general del sujeto. De hecho, muestra una relación muy cercana con la misma, ya que de sexualidad y de lucha para seguir con vida está hecha nuestra existencia humana. Fue Hegel el primero en conceptualizar la relación entre la agresividad y el deseo (deseo de reconocimiento del semejante, de mi superioridad sobre él), factor al que le adjudicó una dialéctica: la lucha entre el amo y el esclavo, que fue su motor y modelo de la historia.
En el nivel más práctico de nuestra experiencia, adueñarse de la propia agresividad, aprender a desarrollarla y canalizarla, se convierte en un factor clave para el crecimiento en el mundo profesional, económico, afectivo y sexual. Al haber una menor agresividad reprimida, la misma es puesta en funcionamiento en la vida cotidiana, transformada en la aceptación del conflicto como parte de la vida de relación entre hombres y géneros.
En términos físicos, el Wing Chung enseña a economizar y optimizar forma, tiempo, espacio, energía y cantidad de movimientos.
En términos biológicos, el Wing Chung nos permite la preservación y la defensa de la propia vida, y da cauce tanto a la pulsión vital y de autoconservación, como al impulso destructivo y mortífero (en psicoanálisis se le llama "pulsión de muerte"), para que ambos encuentren su canalización a través de una mezcla de agresividad (la lucha humana y el combate) y la estética (belleza técnica del movimiento) presente en las artes marciales.
En términos psicológicos, el Wing Chung ofrece experiencias funcionales sobre la mejor forma de pensar, sentir y llevar a cabo las acciones, a partir de principios inteligentes, con el fin de lograr lo que deseamos y queremos.
Todo esto, a partir de una ejercitación del cuerpo y de la mente en su propio centro, y con el centro de los otros semejantes.
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